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17.8.16

Fabula: La Rana Que No Sabía Que Estaba Hervida


Imagínate una cacerola llena de agua fría en la cual nada tranquilamente una pequeña ranita. Un pequeño fuego se enciende bajo la cacerola, y el agua se calienta lentamente.

El agua despacio... despacio... se va poniendo tibia, y la ranita encuentra esto más bien agradable, y continúa nadando. La temperatura del agua sigue subiendo... Ahora el agua está caliente, más de lo que la ranita pueda gozar, se siente un poco cansada pero no obstante eso, no se asusta.

Ahora el agua está verdaderamente caliente y la ranita comienza a encontrar esto desagradable, pero está muy debilitada; entonces soporta y no hace nada. La temperatura continúa subiendo, hasta cuando la ranita termina simplemente... cocinándose y muriendo.

Si la misma ranita hubiera estado metida directamente en el agua a 50 grados, con un golpe de sus patas inmediatamente habría saltado fuera de la cacerola. Esto demuestra que, cuando un cambio viene de un modo suficientemente lento escapa a la conciencia, y no provoca en la mayor parte de los casos ninguna reacción, ninguna oposición, ninguna revuelta…

Si miramos lo que sucede en nuestra sociedad desde hace algunas décadas, podemos ver que estamos sufriendo una lenta deriva a la cual nos estamos habituando. Una cantidad de cosas que nos habrían hecho horrorizar 20, 30 o 40 años atrás han sido poco a poco banalizadas, y hoy a penas preocupan, o dejan directa y completamente indiferente a la mayor parte de las personas.

En nombre del progreso, de la ciencia, y del aprovechamiento, se efectúan continuos ataques a las libertades individuales, a la dignidad, a la integridad de la naturaleza, a la belleza y a la felicidad de vivir. Lentamente, pero inexorablemente, con la constante complicidad de las víctimas, inconscientes, o quizás incapaces de defenderse.

Las negras previsiones para nuestro futuro en vez de suscitar reacciones y medidas preventivas, no hacen más que preparar psicológicamente a la gente para aceptar las condiciones de vida decadentes, y también dramáticas.

El martilleo continuo de informaciones por parte de los medios satura los cerebros, que no están ya en condiciones de distinguir las cosas. Cuando hablé de esto por primera vez, era pensando en el mañana...

¡AHORA ES PARA HOY! ¡Conciencia o cocción, debemos elegir! Entonces, si no estás como la ranita, ya medio cocinado/a, da un saludable SALTO con tus patas ¡antes que sea demasiado tarde!

Autor: Olivier Clerc

18.5.14

Fabula: El Maestro y el Alacrán

Por el sendero de un hermoso bosque, un viejo maestro Zen caminaba en silencio junto a su joven discípulo. Al llegar a un riachuelo, divisaron cerca de la orilla a un escorpión que había caído al agua y luchaba por su vida. 

El maestro se acercó, alargó su brazo y tomó el animal para sacarlo del agua, pero de inmediato el alacrán lo picó. El dolor fue grande que al sacudir la mano, el maestro dejó caer al alacrán al agua.

Sin pensarlo dos veces, el maestro se volvió sumergir su mano en el agua para salvar al alacrán, pero una vez más el alacrán lo picó y este a su vez volvió a caer al agua. Tras frotarse la segunda herida, el maestro se agachó nuevamente, pero justo antes de introducir su mano en el agua, su discípulo lo detuvo tomándolo por el hombro y le dice:

- ¡Maestro, no vuelva a agarrar al alacrán, lo va a picar otra vez!, además, ¿cuál es su empeño en salvar a ese animal tan malvado? ¿Qué no se da cuenta que este no le agradece su intención de salvarle?

A lo que el maestro tranquilamente respondió:

- Querido amigo, el alacrán me ha picado porque eso está en su naturaleza. Sin importar cuales sean las circunstancias, su instinto será siempre el de defenderse picando a cualquier otro animal que se le acerque. En cambio, yo estoy llamado a amar a la naturaleza, por lo tanto a tratar de salvarlo, porque eso está en mi naturaleza. Muy mal haría yo en dejarme influenciar por su naturaleza, dejando la mía de lado; en renunciar a hacer el bien solamente porque a otro no le gusta o no está de acuerdo; en comportarme de maneras distintas según las circunstancias en lugar de ser siempre auténtico.

- Lo que sí puedo hacer – dijo el maestro – a la vez que tomaba una hoja que pasaba flotando – es buscar las herramientas necesarias, para no ir en contra de mi naturaleza y no salir afectado por la naturaleza del alacrán. - y con ella levantó por tercera vez al alacrán para salvarle la vida y lo coloco en la orilla para que este escapara.


4.7.13

Fabula: La Serpiente y la Luciérnaga


Cuenta una leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Ésta huía rápido con miedo de la feroz predadora y la serpiente al mismo tiempo no desistía. Huyó un día y ella la seguía, dos días y la seguía.

Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:
- ¿Puedo hacerte tres preguntas?
- No acostumbro hablar con mi alimento pero como de cualquier modo te voy a devorar, puedes preguntar. - contestó la serpiente
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? - preguntó la luciérnaga
- No - contestó la serpiente
- ¿Yo te hice algún mal? - dijo la luciérnaga
- No - volvió a responder la serpiente.-
 - Entonces, ¿por qué quieres comerme?
- ¡Porque no soporto verte brillar!

7.2.13

El Abrazo de Oso


Alberto era un hombre joven, cuyo hijo había nacido recientemente y era la primera vez que sentía la experiencia de ser papa. 

Un buen día le dieron ganas de entrar en contacto con la naturaleza, pues a partir del nacimiento de su bebé todo lo veía hermoso y aun el ruido de una hoja al caer le sonaba a lindas notas musicales. 

Así fue que decidió ir a un bosque; quería oír el canto de los pájaros y disfrutar toda la belleza. Caminaba plácidamente respirando la humedad que hay en estos lugares, cuando de repente vio posada en una rama a un águila que lo sorprendió por la belleza de su plumaje. 

El águila también había tenido la alegría de recibir a sus polluelos y tenía como objetivo llegar hasta el río más cercano, capturar un pez y llevarlo a su nido como alimento; pues significaba una responsabilidad muy grande criar y formar a sus aguiluchos para enfrentar los retos que la vida ofrece. 

El águila al notar la presencia de Alberto lo miró fijamente y le preguntó: 
- ¿A dónde te diriges buen hombre? Veo en tus ojos la alegría 
por lo que Alberto le contestó: 
- es que ha nacido mi hijo y he venido al bosque a disfrutar, pero me siento un poco confundido. 
- Oye, - Pregunto el Águila - ¿y qué piensas hacer con tu hijo? 

Alberto le contestó: 
- pues ahora y desde ahora, siempre lo voy a proteger, le daré de comer y jamás permitiré que pase frío. Yo me encargaré de que tenga todo lo que necesite, y día con día yo seré quien lo cubra de las inclemencias del tiempo; voy a defenderlo de los enemigos que pueda tener y nunca dejaré que pase situaciones difíciles. 
- Es mi hijo lo amo, no permitiré que mi hijo pase necesidades como yo las pasé, nunca dejaré que eso suceda, porque para eso estoy aquí, para que él nunca se esfuerce por nada. 
Y para finalizar agregó: 
- Yo como su padre, seré fuerte como un oso, y con la potencia de mis brazos lo rodearé, lo abrazaré y nunca dejaré que nada ni nadie lo perturbe. 

El águila no salía de su asombro, atónita lo escuchaba y no daba crédito a lo que había oído. Entonces, respirando muy hondo y sacudiendo su enorme plumaje, lo miró fijamente y dijo: 
- Escúchame bien buen hombre. Cuando recibí el mandato de la naturaleza para empollar mis hijos, también recibí el mandato de construir mi nido, un nido confortable, seguro, a buen resguardo de los depredadores, pero también le he puesto ramas con muchas espinas ¿y sabes por qué? porque aún cuando estas espinas están cubiertas por plumas, algún día, cuando mis polluelos hayan emplumado y sean fuertes para volar, haré desaparecer todo este confort, y ellos ya no podrán habitar sobre las espinas, eso les obligará a construir su propio nido. 
- Todo el valle será para ellos, siempre y cuando realicen su propio esfuerzo para conquistarlo con todo, sus montañas, sus ríos llenos de peces y praderas llenas de conejos. 
- Si yo los abrazara como un oso, reprimiría sus aspiraciones y deseos de ser ellos mismos, destruiría irremisiblemente su individualidad y haría de ellos individuos indolentes, sin ánimo de luchar, ni alegría de vivir. 
- Tarde que temprano lloraría mi error, pues ver a mis aguiluchos convertidos en ridículos representantes de su especie me llenaría de remordimiento y gran vergüenza, pues tendría que cosechar la impertinencia de mis actos, viendo a mi descendencia imposibilitada para tener sus propios triunfos, fracasos y errores, porque yo quise resolver todos sus problemas. 
- Yo, amigo mío, dijo el águila, - podría jurarte que después de Dios he de amar a mis hijos por sobre todas las cosas, pero también he de prometer que nunca seré su cómplice en la superficialidad de su inmadurez, he de entender su juventud, pero no voy a participar de sus excesos, me he de esmerar en conocer sus cualidades, pero también sus defectos y nunca permitiré que abusen de mí en aras de este amor que les profeso. 

El águila calló y Alberto no supo qué decir, pues seguía confundido, y mientras entraba en una profunda reflexión, ésta, con gran majestuosidad levantó el vuelo y se perdió en el horizonte. 

Alberto empezó a caminar mientras miraba fijamente el follaje seco disperso en el suelo, sólo pensaba en lo equivocado que estaba y el terrible error que iba a cometer al darle a su hijo un abrazo como el de un oso. 

Reconfortado, siguió caminando, solo pensaba en llegar a casa, con amor abrazar a su bebé, pensando que abrazarlo solo sería por segundos, ya que el pequeño empezaba a tener la necesidad de su propia libertad para mover piernas y brazos, sin que ningún oso protector se lo impidiera. 

A partir de ese día, Alberto empezó a prepararse para ser el mejor de los padres. 

Anónimo


Voz: Mariano Osorio

26.3.12

Fabula: La Rosa y la Luna


Una rosa soñaba día y noche con la compañía de las abejas, pero ninguna iba a posarse en sus pétalos.

Sin embargo, ella seguía soñando e imaginaba durante sus largas noches; a la mañana siguiente habría un cielo donde volaban muchas abejas que se acercaban cariñosamente a besarla.

Así lograba aguantar la larga y fría noche hasta el día siguiente, cuando volvía a abrirse con la luz del sol.

Una noche, la luna, sabiendo de su soledad, le preguntó a la rosa:
- ¿no estás cansada de esperar?
- Tal vez, - contesto la rosa - pero hay que seguir luchando.
-¿Por qué? – dijo la luna
- PORQUE SI NO ME ABRO, ME MARCHITO.


14.2.12

Fabula: El Amor y el Tiempo


Había una vez una isla muy linda y de naturaleza indescriptible, en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre, entre ellos; el Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría… como también, todos los demás, incluso el Amor. 

Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse. Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el Amor quedó esperando solo, pacientemente, hasta el último momento. Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor decidió pedir ayuda.

La Riqueza pasó cerca en una barca lujosísima y el Amor le dijo: 
- Riqueza… ¿me puedes llevar contigo?
- No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti, lo siento, Amor – dijo la Riqueza

Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnifica barca. 
- Orgullo te ruego, ¿puedes llevarme contigo?
- No puedo llevarte Amor - respondió el Orgullo 
- Aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca y ¿Cómo quedaría mi reputación?

Entonces el Amor dijo a la Tristeza que se estaba acercando: 
- Tristeza te lo pido, déjame ir contigo.
- No Amor -respondió la Tristeza
- Estoy tan triste que necesito estar sola.

Luego el Buen Humor pasó frente al Amor, pero estaba tan contento que no sintió que lo estaban llamando. De repente una voz dijo: 
- Ven Amor te llevo conmigo.

El Amor miró a ver quien le hablaba y vio a un viejo. Se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de preguntar el nombre del viejo.
Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. El Amor se dio cuenta de cuánto le debía y le pregunto al Saber: 
- Saber, ¿puedes decirme quien era este que me ayudo?
- Ha sido el Tiempo - respondió el Saber, con voz serena -
- ¿El Tiempo? - se preguntó el Amor
- ¿Por qué será que el tiempo me ha ayudado?

Porque solo el Tiempo es capaz de comprender cuán importante es el Amor en la vida.