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12.3.13

Chingones Mis Viejos

Foto: Memo Vásquez - Viejo Mayo

El domingo jui pa’ la plaza
onde hablaron unos entrajeaos,
que dizque iban arreglar munchas cosas en el pueblo;
vieras visto, Calobeto,
cómo les echó flores el comisario
a los jorocones que vinieron,
por todas las mejoras qui'ban hacer pa’ la gente;
que según hasta un represo iban hacer.

Cuándo iba faltar el Neto churrero
en pasar hablar por el micrófono,
cuando dijieron que si alguien quería pasar a decir algo,
por los güenos beneficios qui'bamos a tener.

Uta, Calobeto, ¡cómo me dio vergüenza!
resulta que'l Neto, nomás pa’ quedar bien
dijo que los importantes esos,
eran unos fregones pa’ gobernar.

Y yo dije que "fregones"
era una "mala palabra", pues;
y no me va oyendo el Profesor Ubaldo
y me enseñó que "fregón" no es herejía;
dice que'stá bien decir "chingón" tamién,
que sinifica ser muy güeno pa’ algo.

Yo nomás digo una cosa, tú... Calobeto:
si dicen que hacer cosas con el dinero del pueblo,
es una fregonería, yo me pongo a pensar en mis viejos
y en toda esa gente, antes que nosotros
que han tenido que "darle duro" sin la ayuda de nadien;
nosotros nomás juimos siete
y ahi como pudieron nos sacaron adelante
con el tanichito que pusieron.

No, Calobeto, esos amigos no hacen gracia.
¡Chingón mi apá!, que empezó trabajando en el campo,
en lo que hubiera sin estar atrás di'un escritorio
nomás esperando que llegara la quincena,
y ¡chingona mi amá! que siempre hizo que los frijoles alcanzaran,
y todavía le quedan juerzas (hasta la fecha)
pa’ seguir con el quehacer de la casa
y rematar atendiendo en la tienda,
que la puso después de andar muncho tiempo,
casa por casa vendiendo en el pueblo y en los campos,
cuando mi apá la llevaba en aquella troquita
for cincuenta y siete que tenía ¿Te acuerdas?

Chingón mi apá, Calobeto que siempre ha sembrao
sin que nadien le asegure si vas'tar bien la cosecha;
no me salgan hora con que ellos son los chingones.

Chingones mis viejos y la gente que se arriesga
como el Mayón de la caseta o los Zamayoa taqueros,
ésos sí son chingones;
los que son los horcones del medio pa’ este pueblo.

Chingones mi apá y mi amá
que han pasao hambres cuando éramos plebes,
pero sus hijos "ni en cuenta",
porque primero nos daban a nosotros,
y los del gobierno... quién sabe onde andaban.

Chingonas las mamases de nosotros, Calobeto
que han hecho rendir todo remendando los trapos,
y haciendo chores los pantalones
pa’ sacarles más jugo toa’vía,
y que se dan tiempo pa’ preguntar onde andamos
y aqui'ora vamos a llegar
y que téngamos muncho cuidao
en no andarnos juntando con el Chuyón mariguano,
y que hórremos cuando haiga
pa’ que váyamos aprendiendo.

Uta, ora ya me estoy dando cuenta
que mi apá era un chingón, Calobeto
por estar encima jodiendo hasta que termináramos la chamba
cuando él podía berla hecho rapidito,
aunque… no le gustaba verse cabrón al viejo
cuando nos jalaba las orejas, porque l'ibamos a'garrar muina;

'Ora me cai el veinte que le dolía más a él azotarnos,
nomás tres, decía: pero bien daos
y que no l'importaba que nos diéramos cuenta
que tamién erraba, mi apá.

No hay güelta di'hoja: l'historia de a deveras,
la de a güenas d'esa que nomás está un pedazo en los libros,
esa l’hace el pueblo, Calobeto no los mandamases.

Uchi, cómo hay que darle gracias a Dios
por ber tenido los viejos que tenemos: gente PURA y FRANCA
que no se anda con "una y un pedazo"
a l'hora de tender la mano a los que estén más abajo
y que se partieron el lomo por sus hijos.

Qué güeno que me'stoy dando cuenta a tiempo:
chingones mis viejos, Calobeto...
¡CHINGONES MIS VIEJOS!

Bruno Pablos
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Voz: Bruno Pablos

7.2.13

El Abrazo de Oso


Alberto era un hombre joven, cuyo hijo había nacido recientemente y era la primera vez que sentía la experiencia de ser papa. 

Un buen día le dieron ganas de entrar en contacto con la naturaleza, pues a partir del nacimiento de su bebé todo lo veía hermoso y aun el ruido de una hoja al caer le sonaba a lindas notas musicales. 

Así fue que decidió ir a un bosque; quería oír el canto de los pájaros y disfrutar toda la belleza. Caminaba plácidamente respirando la humedad que hay en estos lugares, cuando de repente vio posada en una rama a un águila que lo sorprendió por la belleza de su plumaje. 

El águila también había tenido la alegría de recibir a sus polluelos y tenía como objetivo llegar hasta el río más cercano, capturar un pez y llevarlo a su nido como alimento; pues significaba una responsabilidad muy grande criar y formar a sus aguiluchos para enfrentar los retos que la vida ofrece. 

El águila al notar la presencia de Alberto lo miró fijamente y le preguntó: 
- ¿A dónde te diriges buen hombre? Veo en tus ojos la alegría 
por lo que Alberto le contestó: 
- es que ha nacido mi hijo y he venido al bosque a disfrutar, pero me siento un poco confundido. 
- Oye, - Pregunto el Águila - ¿y qué piensas hacer con tu hijo? 

Alberto le contestó: 
- pues ahora y desde ahora, siempre lo voy a proteger, le daré de comer y jamás permitiré que pase frío. Yo me encargaré de que tenga todo lo que necesite, y día con día yo seré quien lo cubra de las inclemencias del tiempo; voy a defenderlo de los enemigos que pueda tener y nunca dejaré que pase situaciones difíciles. 
- Es mi hijo lo amo, no permitiré que mi hijo pase necesidades como yo las pasé, nunca dejaré que eso suceda, porque para eso estoy aquí, para que él nunca se esfuerce por nada. 
Y para finalizar agregó: 
- Yo como su padre, seré fuerte como un oso, y con la potencia de mis brazos lo rodearé, lo abrazaré y nunca dejaré que nada ni nadie lo perturbe. 

El águila no salía de su asombro, atónita lo escuchaba y no daba crédito a lo que había oído. Entonces, respirando muy hondo y sacudiendo su enorme plumaje, lo miró fijamente y dijo: 
- Escúchame bien buen hombre. Cuando recibí el mandato de la naturaleza para empollar mis hijos, también recibí el mandato de construir mi nido, un nido confortable, seguro, a buen resguardo de los depredadores, pero también le he puesto ramas con muchas espinas ¿y sabes por qué? porque aún cuando estas espinas están cubiertas por plumas, algún día, cuando mis polluelos hayan emplumado y sean fuertes para volar, haré desaparecer todo este confort, y ellos ya no podrán habitar sobre las espinas, eso les obligará a construir su propio nido. 
- Todo el valle será para ellos, siempre y cuando realicen su propio esfuerzo para conquistarlo con todo, sus montañas, sus ríos llenos de peces y praderas llenas de conejos. 
- Si yo los abrazara como un oso, reprimiría sus aspiraciones y deseos de ser ellos mismos, destruiría irremisiblemente su individualidad y haría de ellos individuos indolentes, sin ánimo de luchar, ni alegría de vivir. 
- Tarde que temprano lloraría mi error, pues ver a mis aguiluchos convertidos en ridículos representantes de su especie me llenaría de remordimiento y gran vergüenza, pues tendría que cosechar la impertinencia de mis actos, viendo a mi descendencia imposibilitada para tener sus propios triunfos, fracasos y errores, porque yo quise resolver todos sus problemas. 
- Yo, amigo mío, dijo el águila, - podría jurarte que después de Dios he de amar a mis hijos por sobre todas las cosas, pero también he de prometer que nunca seré su cómplice en la superficialidad de su inmadurez, he de entender su juventud, pero no voy a participar de sus excesos, me he de esmerar en conocer sus cualidades, pero también sus defectos y nunca permitiré que abusen de mí en aras de este amor que les profeso. 

El águila calló y Alberto no supo qué decir, pues seguía confundido, y mientras entraba en una profunda reflexión, ésta, con gran majestuosidad levantó el vuelo y se perdió en el horizonte. 

Alberto empezó a caminar mientras miraba fijamente el follaje seco disperso en el suelo, sólo pensaba en lo equivocado que estaba y el terrible error que iba a cometer al darle a su hijo un abrazo como el de un oso. 

Reconfortado, siguió caminando, solo pensaba en llegar a casa, con amor abrazar a su bebé, pensando que abrazarlo solo sería por segundos, ya que el pequeño empezaba a tener la necesidad de su propia libertad para mover piernas y brazos, sin que ningún oso protector se lo impidiera. 

A partir de ese día, Alberto empezó a prepararse para ser el mejor de los padres. 

Anónimo


Voz: Mariano Osorio

10.1.13

El Buscador

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador... Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que necesariamente sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda. 

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo; así dejó todo y partió. 

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó a lo lejos la ciudad de Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada, la pequeña portezuela de bronce invitaba a entrar. 

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. 

Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió sobre una de las piedras, aquella inscripción: Abdul Tareg. Vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días. 

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. 

Miro a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía: Yamir Kalib. Vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas. El buscador se sintió terriblemente conmocionado. 

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares; un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años. Embargado por un dolor terrible se sentó y lloro. 

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. 
- No, ningún familiar - dijo el buscador 
- ¿qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos? 

El anciano se sonrió y dijo: 
- Puede usted serenarse. No hay tal maldición. 
- Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... 
- Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, ¡como ésta que tengo aquí, colgado al cuello! 
- Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anota en ella: a la izquierda, ¿qué fue lo disfrutado?, a la derecha, ¿cuánto tiempo duró el gozo? - Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media?... 
- Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? - ¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo? ¿Y el casamiento de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? - ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Horas? ¿días?... 
- Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos intensamente, CADA MOMENTO. - Cuando alguien muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO. 

Jorge Bucay


Voz: Jorge Bucay

16.10.12

La Mamá Más Mala del Mundo


Yo tuve la mamá más mala del mundo.  
Mientras otros niños no tenían que desayunar, 
yo tenía que comer cereal, huevos y pan tostado. 

Cuando los demás tomaban refrescos y dulces para el almuerzo, 
yo tenía que comer un sándwich y un licuado. 

Mi madre siempre insistía en saber en dónde estábamos. 
También tenía que saber quiénes eran nuestros amigos y lo que estábamos haciendo. 
Insistía en que: si decíamos que íbamos a tardar una hora, 
solamente nos tardáramos "una hora". 

Me da vergüenza admitirlo pero, hasta tuvo el descaro de romper 
las leyes contra el trabajo de menores, hizo que laváramos trastos, 
tendiéramos camas, que aprendiéramos a cocinar, 
a planchar y muchas cosas igualmente crueles. 

Hasta creo que se quedaba despierta en la noche 
pensando en las cosas que podría obligarnos a hacer. 
Siempre insistía en que dijéramos la verdad. 

Y cuando llegamos a la adolescencia nuestra vida se volvió aún más miserable. 
Nadie podía tocar el claxon para que saliéramos corriendo. 
Nos avergonzaba hasta el extremo, obligando a nuestros amigos 
a llegar a la puerta para preguntar por nosotros. 

Mi madre fue un completo fracaso. 
Ninguno de nosotros ha sido arrestado, 
cada uno de mis hermanos ha servido 
en una misión y también a nuestro país. 

Y.. ¿A quién debemos culpar? 
Tienes razón, ¡A nuestra madre! 

Vean de todo lo que nos hemos perdido: 
Nunca hemos podido participar en una manifestación. 
 En actos violentos y, miles de cosas más que hicieron nuestros amigos. 

Ello nos hizo convertirnos en adultos educados 
y honestos,trabajadores, responsables. 

Y ¿Saben algo? Tomando esa referencia. 
Yo estoy tratando de educar a mis hijos de la misma manera. 
Y le doy gracias a Dios por haberme dado la 
  "Mamá más mala del mundo"


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Voz: Mariano Osorio

30.4.12

Los Angelitos


Dios estaba en el cielo mirando cómo actuaban los hombres en la Tierra. Reinaba la desolación.
 -¡Más de 6 mil millones de seres humanos son pocos para alcanzar la magnificencia divina del amor! - Suspiró el señor.

El padre vio a tantos humanos en guerra, esposos y esposas que no completaban su espíritu, ricos y pobres apartados, sanos y enfermos distantes, libres y esclavos separados, que un buen día reunió a un ejército de ángeles y les dijo:
- ¿Pueden ver a los seres humanos? ¡Necesitan ayuda! Tendrán que baja a la Tierra.
- ¿Nosotros? preguntaron los ángeles ilusionados y asustados, llenos de fe.
- Sí, ustedes son los indicados. Nadie más podría cumplir esta tarea.

 Hice al Hombre a imagen y semejanza mía, pero con talentos especiales cada uno. Permití diferencias entre ellos para que juntos formasen el Reino. Unos alcanzarían riquezas para compartir con los pobres. Otros gozarían de buena salud para cuidar a los enfermos. Unos serían sabios y otros, muy simples para procurar entre ellos sentimientos de amor, admiración y respeto.

Los buenos tendrían que rezar por los que actuaran como si fueran malos. El paciente toleraría al neurótico, en fin… mis planes deben cumplirse para que el hombre goce, desde la Tierra, la felicidad eterna.
- ¿De qué se trata? Preguntaron inquietos los angelitos.
- Como los hombres se han olvidado de que los hice distintos para que se complementasen unos a otros y así formaran el cuerpo de mi hijo amado; bajaran ustedes con francas distinciones y tareas especiales.
- Tú tendrás memoria y concentración de excelencia, ¡Serás ciego!
- Tú serás elocuente con tu cuerpo y muy creativo para expresarte, ¡Serás sordomudo!
- Tú tendrás pensamientos profundos, escribirás libros. ¡Serás poeta! Tendrás parálisis cerebral.
- A ti te daré el don del amor y serás su persona, habrá muchos otros como tú en toda la Tierra y no habrá distinción de raza porque tendrás la cara, los ojos, las manos y el cuerpo como si fueran hermanos de sangre. ¡Tendrás Síndrome de Down!
- Tú serás muy bajito de estatura y tu simpatía y sentidos del humor llegaran hasta el cielo, serás gente pequeña.
- Tú vivirás en la Tierra, pero tu mente se mantendrá en el cielo; preferirás escuchar mi voz a la de los hombres, ¡Tendrás autismo!
 Al último angelito le dijo:
- Serás hábil como ninguno, te faltarán los brazos y harás todo con las piernas y la boca.

Los ángeles se sintieron felices con la distinción del Señor, aunque les causaba enorme pena tener que apartarse del cielo para cumplir su misión.
- ¿Cuánto tiempo viviremos sin verte? ¿Cuánto tiempo lejos de ti?
- No se preocupen, estaré con ustedes todos los días. Además, esto sólo durará unos cuantos años.
- Esta bien, padre. Será sólo un instante en el reloj eterno. Y bajaron a la Tierra emocionados.

Cada uno llegó al vientre de una madre, ahí se formaron durante 6, 7, 8, o 9 meses. Al nacer fueron recibidos con profundo dolor, causaron miedo y angustia. Algunos padres rehusaron la tarea, otros la asumieron enojados, otros se echaron culpas hasta disolver su matrimonio y otros más lloraron con amor y aceptaron el deber.

Siguen bajando ángeles a la Tierra con espíritus superiores en cuerpos limitados y seguirán llegando mientras haya humanidad en el planeta.

Como los angelitos saben que su misión y sus virtudes son unión, fe, esperanza y caridad gobernadas por el amor, ellos han sabido perdonar y con gran paciencia pasan la vida iluminando a todo aquel que los ha querido amar.




Voz: Mariano Osorio

7.12.11

Papá, ¿Cuánto ganas?

- Papá, ¿Cuánto ganas por hora? – con voz tímida y ojos de admiración, un pequeño recibía así a su padre al termino de su trabajo.

El padre dirigió un gesto severo al niño y repuso:
- Mira hijo, esos informes ni tu madre los conoce. No me molestes que estoy cansado.
- Pero papá –insistía el pequeño-, dime por favor, ¿Cuánto ganas por hora?

La reacción del padre fue menos severa. El padre solo contesto:
- ochenta pesos por hora
- Papá, ¿me prestas cuarenta pesos? – pregunto el pequeño

El padre muy enojado y tratando con brusquedad al niño dijo:
- Así que ésa era la razón de saber lo que gano. Vete a dormir y no me molestes, muchacho aprovechado

Había caído la noche. El padre medito sobre lo sucedido y se sintió culpable. Tal vez su hijo quería comprar algo. Para descargar su conciencia dolida, se asomo al cuarto de su hijo y con voz baja pregunto:
- ¿Duermes hijo?
- Dime papá – respondió entre sueños.
- Aquí tienes el dinero que me pediste – le dijo el padre
- Gracias papá – contesto el pequeño – y metiendo su manita bajo la almohada, saco unos billetes.
Y dijo:
- ¡Ahora ya complete, papi! Tengo ochenta pesos…
¿me podrías vender una hora de tu tiempo?

Anónimo

Voz: Mariano Osorio

14.10.11

De Todos Modos


Las personas muchas veces son irrazonables, egoístas, incongruentes e inconsecuentes
PERDÓNALAS DE TODOS MODOS.

Si eres bondadoso, te acusarán de tener oscuros motivos egoístas,
SE BONDADOSO DE TODOS MODOS.

Si tienes éxito y te ganaras amigos falsos y enemigos verdaderos,
TEN ÉXITO DE TODOS MODOS.

Si eres franco y sincero, la gente puede engañarte
SE FRANCO Y SINCERO DE TODOS MODOS.

Lo que te cuesta muchos años construir alguien puede destruido en una noche,
CONSTRUYE DE TODOS MODOS.

Si encuentras sosiego y felicidad, podrán envidiarte
SE FELIZ DE TODOS MODOS

El bien que hagas hoy muchos lo habrán olvidado mañana,
HAZ EL BIEN DE TODOS MODOS.

Da al mundo lo mejor que tienes de todos modos. Ya ves a fin de cuentas todo queda ente Dios y tú.
¡Nunca fue entre el mundo y tú de todos modos!

Madre Teresa de Calcuta

Voz: Francisco Didier


Versión Impresa

28.7.11

No te metas en mi vida

no te metas
Recordaba una ocasión en que escuché a un joven gritarle a su Padre: ¡No te metas en mi vida!
Ésta frase caló hondamente en mí, y me imaginaba yo siendo aquel padre, y le respondía a mi hijo: ¡Hijo, yo no me meto en tu vida, tú te has metido en la mía!
Hace 17 años, llegaste a nuestras vidas, ocupaste todo nuestro tiempo. Durante casi tres meses, mamá se sentía mal, no podía comer, todo lo que comía lo devolvía, y tenía que guardar reposo. Los últimos meses, antes de que llegaras a casa, mamá no dormía y no me dejaba dormir. Yo tenia que despertar temprano para ir a trabajar sin embargo, me tenia que esforzarme por ser paciente y ayudar a mamá a que se sintiera mejor para que tu estuvieras bien.
Los gastos aumentaron tanto que gran parte de lo nuestro se gastaba en ti. En un buen médico que atendiera a mamá y la ayudara a llevar un embarazo saludable, en medicamentos, en la maternidad, en comprarte todo un guardarropa, mamá no veía algo de bebé, que no lo quisiera para ti, una cuna, un moisés, una carriola, todo… todo lo que se pudiera con tal de que tú estuvieras y tuvieras lo mejor posible.
¿No te metas en mi vida?
Todas la enfermedades te dieron, y nosotros tuvimos que suspender muchas de nuestras salidas, mamá ya estaba muy bien arreglada para ir a una reunión, yo estaba a punto de pasar por ella y me llamaba. Cambio de planes el niño tiene temperatura, no podremos ir.
¿No te metas en mi vida?
Empezaste a caminar, yo no sé cuando he tenido que estar más detrás de ti, si cuando empezaste a caminar o cuando creíste que ya sabías. Ya no podía sentarme tranquilo a leer el periódico o a ver el partido de mi equipo favorito, te perdías de mi vista y tenía que salir tras de ti para evitar que te lastimaras.
¿No te metas en mi vida?
Todavía recuerdo el primer día de clases, cuando tuve que llamar al trabajo y decir que no podría ir, ya que tú en la puerta del Colegio no querías soltarme y entrar, llorabas y me pedías que no me fuera, tuve que entrar contigo a la escuela, que pedirle a la maestra que me dejara estar a tu lado, ese día en el salón para que fueras tomando confianza.
¿No te metas en mi vida?
Del Colegio recibía muy seguido notas: No hace caso, es indisciplinado, pelea con los demás, no quiere hacer sus tareas, se la pasa en los sanitarios, rayo la libreta de su compañerito, se lastimo un pie, se rompió una mano… Fuiste creciendo hijo, y contigo fueron creciendo las aventuras, al grado que un día tuve que suplicar al Director que no te expulsara. ¿Te acuerdas?
¿No te metas en mi vida?
Seguiste creciendo querías ir muy aprisa, te urgía conocer todos los lugares de diversión de la ciudad. Apenas tenias 14 y ya querías ir a todas las fiestas de tus amigos que cumplían 15. Ya no querías que te lleváramos a tus reuniones, nos pedias que una calle antes te dejáramos y pasáramos por ti una calle después. No querías llegar temprano a casa, te molestabas si te marcábamos reglas. No podíamos hacer comentarios acerca de tus amigos sin que te volvieras contra nosotros. Como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos desconocidos para ti. Préstame el auto me decías y yo me sentía el peor padre del mundo por no hacerlo.
¿No te metas en mi vida?
Cada vez sé menos de ti por ti mismo, y lo que sé mas por lo que oigo de los demás ya casi no te gusta platicar conmigo, dices que nada más te estoy regañando, y todo lo que yo hago está mal. Mamá se la pasa en vela y no me deja dormir a mí diciéndome: que no has llegado y que es de madrugada; solo me buscas cuando hay que pagar algo o necesitas dinero para la escuela o para salir, o peor aun te busco yo cuando tengo que llamarte la atención.
¿No te metas en mi vida?
Hoy me han llamado y me han dicho: Se ofrecerá una misa de acción de gracias para todos ustedes con ocasión de que su hijo han concluido sus estudios de preparatoria. Tú, me avisaste con desinterés, como si no te importara que yo existiera. Sin embargo para mi ha sido una gran noticia que me hace sentir muy feliz. ¿Como me lo iba a perder? Y aquí estoy
Hijo, ¡Yo no me meto en tu vida, tú te has metido en la mía!, y te aseguro, que desde el primer día, hasta hoy, SOY EL HOMBRE MAS FELIZ.
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Voz: Mariano Osorio

6.7.11

El Amor es Ciego y la Locura Siempre lo Acompaña




Cuentan que una vez, se reunieron todos los sentimientos y cualidades del hombre.
Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura les propuso: oigan vamos,
a jugar a las escondidas.

La intriga levantó la ceja y la curiosidad, sin poder mantenerse preguntó ¿escondidas? el entusiasmo danzó, seguido de la euforia, la alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda y a la apatía, que nunca se interesaban por nada.

1,2,3.. comenzó a contar la locura, la primera en esconderse fue la pereza, que como siempre cayó detrás de la primera piedra del camino, la fe subió al cielo y la envidia se escondió detrás de la sombra del triunfo, que por propio esfuerzo había conseguido llegar a la copa más alta del árbol.

La generosidad casi no logra esconderse, porque cada lugar que encontraba le parecía bueno, para alguno de sus amigos, si era un lago cristalino, ideal para la belleza, si era la copa
del árbol perfecta para la timidez, si era una ráfaga de viento, magnífica para la libertad.

Así es que terminó escondiéndose en un rayo de sol, el egoísmo un lugar bueno desde el principio, ventilado cómodo pero solo para él, la mentira se escondió detrás del arco
iris y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes.

Cuando la locura terminaba de contar el amor todavía no había encontrado lugar para esconderse, pues todos estaban ya ocupados, hasta que encontró un rosal y cariñosamente decidió esconderse entre sus flores, concluyó la locura y comenzó la búsqueda, la primera en aparecer fue la pereza apenas a tres pasos de una piedra.

Sintió vibrar a la pasión y al deseo en los volcanes, en un descuido encontró a la envidia y claro pudo deducir donde estaba el triunfo, al egoísmo no tuvo que buscarlo el solo salió disparado de su escondite que era en verdad era un nido de avispas, de tanto caminar sintió sed y al aproximarse a un lago descubrió a la belleza.

La duda fue más fácil de encontrar estaba sentada sobre un cerro sin decidir donde esconderse y así iba encontrándolos a todos, al talento entre la hierba fresca a la angustia en una cueva oscura pero, el amor no aparecía por ningún lugar, la locura lo busco detrás de cada árbol, debajo de cada roca del planeta y encima de las montañas.

Cuando estaba a punto de darse por vencida, encontró un rosal y comenzó a mover sus ramas, entonces escuchó un grito doloroso, habían herido al amor en los ojos, la locura no sabía qué hacer para disculparse, lloró, rezó, imploró, pidió perdón y prometió ser su guía para siempre, es por eso que desde entonces el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña


Voz: Mariano Osorio

Versión Impresa

26.5.11

El Elefante Encadenado


Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante; que como mas tarde supe, era también el animal preferido por casi todos los niños.
Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales... pero después de la actuación y hasta un poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo sujeto con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la suelo. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que un animal, capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente: ¿Qué lo sujeta? ¿Por qué no huye?
Cuando yo tenía cinco o seis años, todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Y entonces pregunté a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: - Si esta amaestrado, ¿por qué lo encadenan?
La verdad es que no recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo olvide del misterio del elefante y la estaca... y solo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.
Hace algunos años descubrí (por suerte para mí), que alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida, desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó, tratando de soltarse. A pesar de todos sus esfuerzos, no lo consiguió. Porque aquella estaca; era realmente demasiado dura para él.
Imagine que el elefantito se dormía agotado y que al día siguiente volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que un día, un día terrible para su historia, el animal acepto su impotencia y se resignó a su destino. Ese elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree (pobre) que NO PUEDE.
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió realmente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. ¡Jamás... jamás... intentó volver a poner a prueba su fuerza!

Jorge Bucay